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South of Heaven: A treinta años de la edición del clásico de SLAYER

Este año se están cumpliendo treinta años de uno de los álbumes que marcaron una época, un sonido, estilo y estética: básicamente, trazaron las líneas de lo que sería el Heavy Metal como cultura, al menos en varios de sus aspectos. El trabajo en cuestión es South of Heaven (1988), disco de SLAYER, banda considerada como perteneciente a los “cuatro grandes del Thrash Metal”, una categoría arbitraria, pero que no importa por su veracidad o precisión respecto a quién merece estar en el panteón de leyendas del Metal, sino por el significado cultural, ya que SLAYER logró penetrar sólidamente en el imaginario metalero.

A partir de Reign In Blood (1986), el cuarteto de San Francisco contó con Rick Rubin en la producción, dándole un nuevo sonido a la banda, más pulido y efectivo. Pero dos años después, el grupo se “reinventaría” – con énfasis en las comillas – ralentizando su estilo y, de alguna manera, profundizando en sus letras, haciéndolas más serias. “La raíz de todo mal está en el corazón de un alma oscura”, canta Tom Araya (bajo y voz) en la canción homónima, anunciando una crisis total de la fe en la sociedad contemporánea y un SLAYER más lento. Luego, aparecen las historias macabras con “Silent Scream” y “Live Undead”, trayendo, en el primer caso, a la velocidad usual en los trabajos de la banda, mientras que el segundo tiene a los últimos gritos agudos de Araya.

Es increíble como South Of Heaven tiene tan sincronizados a Jeff Hanemann (guitarra líder) y Kerry King (guitarra rítmica), rememorando los primeros años de la banda, y las innegables influencias de JUDAS PRIEST en sus guitarras gemelas, algo tan fácil de percibir en la totalidad del álbum, pero con especial énfasis en “Behind The Crooked Cross”, que al mismo tiempo se erige como una composición crítica con los conflictos bélicos justificados en la religión: “estoy guiado por la obediencia ciega, la conciencia es una palabra que aprendí a olvidar”.

Como un anticipo de la clásica “War Ensemble“, que tendría lugar dos años despuén Seasons In The Abyss (1990), SLAYER lanzó “Mandatory Suicide” y “Ghosts of War”, dos canciones en repudio a la guerra, aunque es sabido el fanatismo que Jeff Hanneman tenía por la memorabilia de los conflictos bélicos. La historia, en este caso, parece unirse al arte. En “Read Between The Lies” la banda se las arregló para hacer una crítica mordaz al Evangelismo, los pastores y sus fieles, los dueños del diezmo por un lado, y los esclavos de la manipulación, por otro. “En el interior de tu mente podrías creer que dando (dinero) podrías salvar tu alma, ¿puedes ser tan ingenuo?”. Simplemente genial.

“Cleanse The Soul” tiene nuevamente a la pluma de Tom Araya como protagonista, detallando en puntos macabros sobre “la muerte como un arte”. Luego SLAYER elige tributar a una banda que influenció directamente a este álbum, JUDAS PRIEST, pero ¿eligieron algún cliché? No, más bien optaron por “Dissident Agressor”, una canción oscura, no muy conocida, perteneciente a Sin After Sin (1977). El final con “Spill The Blood” sintetiza a la obra: narración detallista de un asesinato, arreglos propios de SLAYER y, por supuesto, todo ralentizado.

South of Heaven es un álbum complejo, el cual necesita de varias escuchadas. Las distintas articulaciones de Dave Lombardo (batería) le dan un estilo único a este trabajo: sutil, cuidado y complejo, una cátedra instrumental. Cada uno de los músicos estaba en un gran momento y, precisamente, en una etapa de cambio. El álbum sintetiza el espíritu de una época, por ende, este disco es un documento histórico para SLAYER y, además, una gran demostración de Heavy Metal.

Facundo Guadagno
Redactor en Rocktambulos
Antropólogo social y cultural, escritor, escéptico y crítico
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