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Rendirse, jamás: JUDAS PRIEST demostró su vigencia en Argentina #Crónica

Efectivamente, era el momento para que JUDAS PRIEST pisara Argentina luego de tres años, esta vez en el marco del Solid Rock Festival, con un nuevo disco bajo el brazo, el exitoso Firepower, y rápidamente, podía advertirse que estábamos a punto de ver a una leyenda viviente: los roadies armaron el escenario del recinto, Tecnópolis, a la velocidad de la luz y la tarima se cubrió con un telón que mostraba el histórico tridente de la banda, con varias reflexiones escritas.

No vamos a engañarnos: la ausencia del guitarrista Glenn Tipton, y su reemplazo por el exitoso productor, Andy Sneap, para adueñarse de las seis cuerdas, era un vacío que dolía, y solo deja a Rob Halford (voz), Ian Hill (bajo) y Scott Travis (batería), como los miembros que más tiempo han permanecido en el grupo. ¿Podía ser el fin de su identidad y, como tal, la culminación de su carrera artística?

Finalizó la introducción con “War Pigs” y comenzó un sutil piano, pregrabado, que le dio inicio a “Firepower”:  telón abajo y, sin más preámbulos, llegó la hora de la verdad, con el tema que le da título a su último trabajo, JUDAS PRIEST volvía a decir presente en Argentina. ¡Qué placer poder comprobar que todo estaba en su lugar! Un sonido parejo, perfecto en un lugar adverso – Tecnópolis es un campo deportivo acondicionado -, las clásicas guitarras gemelas y, de ahora en más, el “alma” de la banda: Rob Halford, quien desde el minuto cero tomó las riendas de la situación e hizo lo que quiso con nuestras conciencias.

Tampoco es por caer en una lluvia indiscriminada de alabanzas a Rob, que tampoco vayan a creer que no las merezca, pero con la partida de KK Downing – guitarrista hasta el año 2011 -, Halford levanta la performance del grupo, le otorga vida y la hace atractiva para el público. Así llegamos con esos coletazos vintage que, por supuesto, son reinterpretados, haciendo versiones mejores que la original: “Running Wild” – editada hace cuarenta años – y dos aportes magníficos a la lista: “Grinder” y “Sinner”.

Lo interesante de ver a JUDAS PRIEST era, por supuesto y entre muchas cosas, su escenografía: no escatimaron en utilizar un escenario temático, referido a su último trabajo discográfico, cuatro tridentes al fondo, videos rotativos y continuos cambios de luces. Rob Halford no se quedaría atrás, ya que sus extravagantes atuendos y su pronunciada barba blanca, lo hacían ver como una especie de demonio, con el único propósito de aterrorizarnos con esos agudos que hacían temblar a Tecnópolis, como fue el caso, justamente, de “Sinner”.

¿Cómo funcionaron las canciones de Firepower en vivo? Perfectas, la esencia del Judas clásico pasado por el sonido contemporáneo se mostró efectiva, hasta el punto de llegar a la emoción con “No Surrender”, esa pieza del “nunca aflojar” – en términos de Ricardo Iorio – sobre Glenn Tipton.

Pero esta vez, JUDAS PRIEST se acordó de sus más acérrimos fans y nos regaló “Freewheel Burning”, ”Desert Plains” y “Night Comes Down”. En estas últimas, todo Tecnópolis se tiñó de un nostálgico tono ochentoso, que también vivimos con la legendaria “Turbo Lover” . A partir de su perfil bajo, Scott Travis y Ian Hill no obtienen el reconocimiento que se merecen, pero la unión de sus instrumentos creó una base más que sólida, con las frecuencias bajas que golpeaban incesantemente el pecho de quienes estuvimos en Tecnópolis.

Rob Halford ingresó con su motocicleta Harley Davidson al escenario para darle lugar a la inmortal “Hell Bent For Leather” y, para más emoción, esta pieza fue seguida por “You’ve Got Another Thing Coming”, con el recinto unido al grito de este himno del Heavy Metal.

“Es la última canción”, decía Scott Travis antes de arremeter con furia en “Painkiller”. ¿Pasan los años para esta banda? ¿Qué tiene Rob Halford en las cuerdas vocales? Mientras veía la demostración de vigencia que era escuchar esta canción en vivo, pensaba en las presentaciones sistemáticas que JUDAS PRIEST viene haciendo en un nuevo tour mundial, noche tras noche, con incansable pasión y destacable altura. No quedan más palabras para remarcar el profesionalismo de estos músicos, algo para nada menor, ya que, bajo ningún punto de vista, están para dar pena, más bien, su lugar es el de maestros a seguir.

Sin tiempo para perder, llegó la introducción de “The Hellion” y comenzó “Electric Eye”, interpretada con furia y con imágenes de un control computarizado en tiempos globalizados para adornar la canción. También habría acompañamiento para “Breaking the Law”, con fotos de protestas, marcando con fuerza la estrofa “you don’t know what it’s like, you don’t have a clue”.

Y sí, llegó el final con “Living After Midnight”, ya con el público extasiado – a tal punto que en el pullman se divisaba el revoleo de remeras, entregándose así, de manera total, a la canción -, y Rob Halford se despidió con un grito de “We are Judas Puta Madre Priest”, al parecer, el nombre argentino de la banda, y un enigmático cartel que rezaba “The Priest will be back”. Ya extrañamos su destreza, así que más que una incertidumbre, esperemos que esa frase sea una afirmación y podamos ver nuevamente a los metal gods.

Facundo Guadagno
Redactor en Rocktambulos
Antropólogo social y cultural, escritor, escéptico y crítico
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Todas las fotos fueron tomadas por Guido Adler y son propiedad de T4F Argentina y su autor / Todos los derechos reservados

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