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LIVING COLOUR en Chile: La vigencia de una banda excepcional

La noche del pasado 15 de mayo LIVING COLOUR volvió a pisar tierras chilenas, esta vez con la excusa de presentar su último y aclamado disco Shade (2017). La insigne agrupación, que en los años noventa rompió los esquemas musicales, se reunió con su fiel público para agasajarlo con un setlist que se compuso casi en su mayoría de temas clásicos y que fue acompañado con una actitud cercana, en la cual demostraron una vez más, el gran cariño que sienten por el público chileno, dejando claro también que los años no les pasan por encima y que aún tienen mucho por entregar.

Exactamente a las 9 de la noche comenzó a sonar “Running with The Devil” de VAN HALEN, tema elegido por el cuarteto para anunciar su llegada. Ya instalados en el escenario dieron inicio a la velada con “Preachin’ Blues”, corte blusero, original del músico estadounidense Roberth Jhonson, que también forma parte de la lista del disco Shade, en una versión cuya intensidad se ve aumentada por potentes y rockeros riff’s emanados de la guitarra de Vernon Reid, acompañados por la prodigiosa voz de Corey Glover. Continuando con toda la fuerza de su memorable y treintañero álbum debut, Vivid (1988), a través de una tripleta compuesta por “Middle Man”, “Desperate People” y “Funny Vibe”, con una interpretación impecable por el conjunto y que provocó una tremenda ovación por parte de toda la fanaticada.

Luego de que pasara “Freedom of Expression (F.O.X)”, otro tema extraído del álbum Shade (2017) y de que el distendido Glover preguntara al público si estaban preparados para lo que se venía, se retomaron los clásicos, rindiéndole tributo a otro de sus álbumes trascendentales, Stain (1993), con los cortes “Auslander” y “Wall”, temas que trajeron a la memoria los mejores recuerdos para un público que conoció, tanto este disco como Vivid, en su génesis.

La noche avanzaba y, aproximadamente en la mitad del concierto, los solos se tomaron su espacio, comenzando con una muestra de la tremenda capacidad vocal de Glover, la que quedó de manifiesto con la dilatada interpretación de “Open Letter (To a Landlord)”. Terminada la exposición vocal, el cantante pasó a presentar – según sus propias palabras – a uno de los mejores bajistas del mundo, Doug Wimblish, quien se lució también con una extendida versión de “Swirl” – tema de su álbum Cinemasonics (2008) – en el cual trabajados sonidos se confundían, por instantes, con los de una guitarra y que fueron ejecutados por el artista, en ciertos puntos, incluso con sus piezas dentales.

Para sacar al público del pasmo, nada mejor que una vertiginosa montaña rusa musical, los neoyorquinos no tuvieron una mejor idea que hacerlo iniciando el viaje con el ochentero hit “Glamour Boys”, seguida por “Elvis is Dead”  y los densos riff’s de “Type”, bajando las revoluciones y cambiando la apuesta hacia lo más romántico con “Love Rears’s Its Ugly Head”, para retomar nuevamente la velocidad con otros de sus cortes mam emblemáticos: “Cult of Personality”.

Remataron la serie con “Time’s up”, tema que fue celebrado por los más entusiastas y juveniles con un osado pogo. Terminada esta última canción, el escenario quedó a disposición de Will Calhoun quien durante varios minutos se despachó un sólo de batería en el que mostró toda la pericia y fuerza con la que hace retumbar los tambores. Luego del descanso que la muestra de Calhoun le permitió a los demás músicos, la alineación se completó nuevamente para cerrar la presentación con el súper clásico “Rock and Roll” de LED ZEPPELIN.

Pasa el tiempo y la forma híbrida en que esta agrupación se ha desarrollado, no pasa de moda, es más, con el correr de los años se sigue afianzando gracias a la destreza intacta que sus integrantes han logrado mantener durante este tiempo. Todo esto fue lo que les valió en sus primeros años el título de pioneros en su estilo. Para el público de aquella noche, fue un regalo poder disfrutar, después de un largo tiempo desde su última visita (9 años), de toda la fuerza que el conjunto despliega en sus conciertos, en los cuales además, cada uno de sus componentes tiene la oportunidad de exhibir el gran talento con el que cuenta y con el que confirman su absoluta vigencia, la que los termina por consolidar como una de las pocas agrupaciones en las que la atemporalidad es una característica innata.

Todas las fotos fueron tomadas por Mauricio González Kowal / Todos los derechos pertenecen a su autor

Dániza Morales Toro
Redactora en Rocktambulos
Todo es cuestión de perspectiva
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