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Desborde de actitud, exceso de poder: AT THE DRIVE-IN debutó en Argentina #Reseña

Veinticinco años pasaron para que Argentina pudiera ver, por primera vez, a la banda de post-hardcore liderada por esa dupla de genios llamados Omar Rodríguez Lopez y Cedric Bixler-Zavala, dos virtuosos de la música que, cuando vieron terminada su exitosa carrera con AT THE DRIVE-IN, incursionaron en un nuevo género y cautivaron al público psicodélico-progresivo con su -ahora extinta- banda THE MARS VOLTA.

Aunque el mundo disfrutó la existencia de sus nuevos proyectos, aquellos fans de AT THE DRIVE-IN que los vieron marcar un hito en lo que al punk experimental y el hardcore se refiere, lamentaron la separación de la banda en 2001, sobre todo luego de aquel emblemático disco que se convirtió en un referente del post-hardcore: Relationship In Command (2000). Fue por eso que cuando se anunció la reunión de la banda en 2017, la alegría fue total, y más aún cuando se publicó in•tera•li•a (2017), su primer disco en 17 años de silencio.


Cedric Bixler-Zavala

Pero la alegría del re-encuentro y el nuevo disco no podía ser completa sin una gira que nos permitiera vivir esa experiencia que siempre nos fue lejana, así que desde que se confirmó la visita de la banda a Argentina, la emoción nos desbordó. Todos esos meses de expectativa y espera vieron su final este martes 13 de noviembre, fecha en la que se hizo realidad el sueño de muchos, mientras otros, simplemente mataron su curiosidad. Un Teatro Flores abarrotado recibió, con los brazos abiertos y toda la energía del mundo, al quinteto conformado por los ya mencionados Omar Rodríguez Lopez (guitarra/coros) y Cedric Bixler-Zavala (voz), y los talentosos Paul Hinojos (bajo), Tony Hajjar (batería) y Keeley Davis (guitarra, segunda voz).

Mientras muchos continuaban ingresando al teatro (varios con su entrada recién comprada, porque nos encanta dejarlo para el final) ya la gente se mostraba impaciente y aplaudía constantemente en señal de ansiedad. El deseo de que empezara el show era el común denominador y aunque este intento de presión por parte de los asistentes comenzó desde antes de las 21 hs, no fue sino hasta las 21:20 que se apagaron las luces y aparecieron los chicos de El Paso, Texas.

Keeley Davis

El recibimiento fue inmejorable. Aplaudidos desde antes que sonara la primera nota, cada miembro de la banda se ubicó en su lugar para dar inicio a una fiesta de locos. El fondo del escenario se veía adornado con la imagen de un ternero gigante, el mismo que protagoniza la portada de su más reciente álbum. Un escenario sencillo y la imponente imagen del cuadrúpedo que cambiaba de color según la luz que le pegaba, fue lo único que necesitó la banda para mostrarse ante sus fans. Así fue como Cedric, armado con sus maracas, emitió los primeros sonidos de la noche y dio paso para que comenzara el clásico “Arcarsenal”. Acto seguido, todo se descontroló (en el buen sentido).

“Bienvenidos”, dijo Cedric -en español- luego de “Governed By Contagions”, uno de los sencillos de su recién publicado in•ter a•li•a (2017). “Ustedes saben que yo no hablo el mismo español que hablan ustedes. Los amo” agregó el enérgico vocalista en su primera intervención con sus fans. Para este momento, el sonido fue una bola de ruido que se perdía en el alto volumen de la mezcla, pero eso nada importó para quienes dejaban la vida en el pogo, hacían crowsurfing o quienes cantaban a todo pulmón desde el primer tema. Por momentos había que concentrarse y adivinar qué era lo que estaban tocando, sin embargo el sonido fue mejorando, afortunadamente.


Omar Rodríguez-Lopez

Cedric y Omar se muestran, sobre el escenario, como dos polos opuestos, el Yin y el Yang. Mientras el vocalista se cansó de lanzar el micrófono contra el suelo (al punto que tuvieron que cambiárselo por otro), arrojar el paral al aire o golpearlo contra el piso, corrió, saltó y se acostó en el escenario y hasta decidió enrollarse en las cortinas mientras cantaba e invitaba a la gente a cantar con él, Omar lucía tímido, con su guitarra de zurdo concentrado en una esquina, sin moverse demasiado. El guitarrista aprovecha cada momento que puede para salirse del cuadro y “esconderse” tras la cortina, como quien no quiere más protagonismo del necesario. Simplemente deja que sea Cedric quien domine la escena, quien hipnotice a las serpientes con sus movimientos y actitudes, mientras él permanece misterioso y hace que el público se pregunte “¿y dónde está Omar?

Esa pregunta encuentra respuesta en la música, y es que el guitarrista se encarga de hacer que los solos y los arreglos que la banda tiene en sus discos, suenen exactamente igual en vivo, y ahí es donde él es protagonista. Ni hablar del momento en el que su voz dijo presente para cantar los coros del clásico “Non-Zero Possibility”, un tema que nos sorprendió ya que no lo habían tocado en sus recientes presentaciones por el continente.

Cedric Bixler-Zavala

Cabe resaltar que Cedric lució impecable en la voz y hasta tocó la melódica en la espectacular “Enfilade”, sin embargo él no es el único que canta. La mayor parte de las voces que acompañan al inagotable Zavala provienen del guitarrista Keeley Davis, la más reciente adquisición de la banda. Davis hace un trabajo intachable, con el acompañamiento perfecto que el momento necesita, sea un coro, un grito o una estrofa completa.

Tristemente, el sonido estuvo saturado la mayor parte del tiempo, lo cual solo fue bueno para mostrarnos, musicalmente, esa imagen de poder que la banda ofrece visualmente, esa que se desborda en energía y raya en el descontrol. Todo bien con tocar a todo lo que da, sin embargo no hubiese estado mal bajarle un poco de volumen y permitir que se entendiera la voz en los temas más pesados. Por suerte, los momentos suaves permitieron que disfrutáramos a pleno de la impecable voz que tienen, tanto Cedric, como Keeley y Omar.

Los clásicos “Napoleon Solo” y “Catacombs” (éste último fue otra sorpresa de la noche, ya que no lo tocaban desde hace más de un año) marcaron el final del set y la “falsa despedida”. Se cumplía una hora exacta de show y los chicos nos dejaban a solas con el sonido aturdidor del feedback/tierra que hacía la guitarra contra el ampli. Pero volvieron por una más: el infaltable “One Armed Scissor”.

“Es nuestra primera. Gracias por venir, gracias por el amor” fueron las últimas palabras de un emotivo Cedric, en medio de señales de amor y usando el mejor español posible. La mayoría no podíamos creer que ya se había terminado todo. Fueron setenta minutos de show que nos dejaron con ganas de más, muchas ganas, pero que a juzgar por el nivel de energía que entregan estos muchachos sobre el escenario, podrían ser una eternidad para ellos. Dicen que cuando lo pasas bien, se pasa rápido el tiempo, así que sin duda, el pasado martes 13 lo pasamos muy bien. En un abrir y cerrar de ojos vimos cómo nos pasó una aplanadora por encima, una que nos dejó marcados y responde al nombre de AT THE DRIVE-IN. Desde ya esperamos que regresen, quedaron muchas canciones por cantar.

Frank Hernández
Director en Rocktambulos
Escucho más de lo que veo y escribo más de lo que leo.
Periodista musical. Radio Host. Colaborador en Billboard. Fundador de Rocktambulos
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Todas las fotos fueron tomadas por Silvana Morsenti para rocktambulos.com / Todos los derechos reservados

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